Crimen de los policías: investigarán si hubo apremios al primer detenido
19 Jul El juez Jorge Barbagelata Xavier corrió vista al fiscal para que analice los informes médicos a fin de determinar si corresponde iniciar una causa por golpes contra Mauro Rojas en la Jefatura Departamental o en la cárcel de Paraná, mientras estuvo bajo arresto por el asesinato de los cabos Elio Alejandro Zárate y Marcelo Omar Muñoz, perpetrado el 4 de julio pasado.
Eran las 3.08 del domingo 4 de julio. Un hombre cruza de una acera a la otra por calle Eva Perón. En eso estaba cuando dos policías detienen el Volkwagen Polo blanco y le preguntan por sus datos. El hombre respondió. Hasta que el cabo Elio Alejandro Zárate le preguntó qué llevaba en el bolso que cargaba. Entonces hubo un forcejeo y de repente se escuchó un disparo. Zárate cayó sobre su compañero, Marcelo Omar Muñoz, que estaba al lado suyo. Inmediatamente se oyeron otras tres detonaciones y ambos policías quedaron tendidos en la calle. Eran las 3.11.
Ahí quedó el coche policial, con las balizas encendidas, hasta que dos minutos después llegaron los primeros efectivos para auxiliarlos, avisados por una pareja que pasaba en moto por el lugar y se dirigió a la Jefatura Departamental. Muñoz alcanzó a decir que “el rosarino” los había baleado y menos de media hora después la Policía arrestó a Mauro Ramón Rojas, un rosarino de 32 años, que había sido detenido el día anterior por el robo de una mochila a una joven y fue liberado seis horas antes del crimen.
El muchacho había llegado a Diamante entre cuatro y seis meses atrás, vivía en la casa de su hermana en el barrio Los Melos y hacía algunas changas como albañil junto a su cuñado.
La imputación hacia Rojas surgió por el relato agonizante del policía Muñoz y su reciente detención y liberación, pero también por las descripciones físicas que aportaron los testigos en los primeros instantes. Con estos elementos, el juez de Instrucción, Jorge Barbagelata Xavier, dio la orden de arresto.
PEREJIL. Sin embargo, algunos puntos no estaban claros. En el lugar del hecho había quedado un bolso con ropa, un paquete de 360 gramos de marihuana, un cuchillo, un par de anteojos y varias balas calibre nueve milímetros que el asesino tiró a la vereda en su huida. Pero lo que más llamó la atención de los investigadores fue una vieja fotografía en la que se veía a tres chicos y una credencial con la foto de una mujer.
Comenzó entonces una feroz interna entre los investigadores porque un sector de la policía apuraba el cierre del caso con Rojas como responsable; mientras que los efectivos locales –especialmente el jefe departamental Ricardo Frank– pretendían continuar con las pesquisas y evacuar las dudas que fueron surgiendo.
El defensor oficial Esteban Monge admitió a EL DIARIO que “en los primeros instantes se contaminó la escena y eso hizo que se desviara la investigación para incriminar a Rojas. Se trabajó con mucha falta de profesionalismo por una interna policial”.
DUDAS. Entre las ropas que vestía Zárate en el momento del crimen apareció un papel que permitió comenzar a desentrañar el hecho: en uno de los bolsillos del pantalón se encontró una hoja en la que el cabo anotó los nombres de todas las personas que había identificado durante el día en los patrullajes que realizó por la ciudad. No había un orden cronológico ni la hora en que se produjo cada identificación, pero en uno de los pliegues surgió una pista con el nombre de “Ferreira” Ricardo Rubén, 27 años, el número de documento, Rosario, zona sur.
Ricardo Rubén Ferreyra, alias Chueco, fue detenido el miércoles en la zona de las islas ubicadas frente a Diamante. Sólo estuvo unas horas en la ciudad. Había llegado porque allí residen su madre y sus tres hermanos. Precisamente la mujer contó en sede judicial que alrededor de las 2.30 del domingo Ferreyra se presentó en su casa del barrio 23 de Septiembre después de 15 años, pero que no quiso recibirlo porque su hijo no se llevaba bien con su pareja y el hombre acotó que Ferreyra tenía una campera y un bolso azules.
Tras el crimen, Ferreyra huyó del lugar a pie. A las pocas cuadras fue visto por dos chicas que iban a un boliche cercano y se asustaron cuando pasó al lado suyo; en su carrera también fue divisado por otro hombre que lo describe como “sacado” y “con los ojos desorbitados”; siguiendo el mismo rastro, los investigadores hallaron, en la caja de una camioneta, en la calle, la campera azul que vestía; luego el hombre llegó hasta la casa de un hermano, que no estaba, pero sí su cuñada que le permitió cambiarse la ropa y recibió una camisa manchada con sangre que luego entregó a la policía; y el último eslabón de la cadena es el pescador que lo cruza a una isla a través del arroyo Ensenada.
Ferreyra fue detenido el martes y entonces se pudo cerrar el círculo. Desde el lunes, efectivos de la Jefatura Departamental lo estaban buscando en la zona de islas aun desconociendo órdenes de la cúpula provincial. La credencial que apareció en el bolso era de su madre que se la había dado para que tuviera un recuerdo y en la vieja foto estaba con sus hermanos, cuando eran pequeños, cuyos nombres estaban al dorso. Dentro del bolso había también una campera de Cliba, la empresa que realiza la recolección de residuos en Rosario, y que pertenecería a otro pariente suyo.
El hombre quedó detenido en la Unidad Penal Número 1, procesado por el doble homicidio triplemente calificado. Además, tenía un pedido de captura por haberse evadido de la cárcel de Ezeiza, donde cumplía una condena por asociación ilícita para el contrabando de estupefacientes agravada; y durante su período de prófugo habría participado en una pelea entre bandas rosarinas por el control de la venta de drogas que terminó con la muerte del líder de la barrabrava de Newell’s, Roberto Pimpi Caminos. En tanto que Rojas tiene dictada una falta de mérito porque el juez está a la espera de los resultados de una pericia genética que descarte definitivamente su participación.
Apresurados
LA CÚPULA POLICIAL anunció el mismo día que el caso había quedado resuelto con la detención de Rojas. Y lo ratificó el ministro de Gobierno, Justicia y Educación, Adán Bahl. “La persona sospechosa fue detenida y desde la perspectiva policial está aclarado”, se apresuró el ministro al día siguiente del crimen. “Hay innumerables circunstancias y pruebas que lo vinculan directamente, incluso algunos testimonios que se van a dar oportunamente, que lo identifican y lo vinculan con el hecho”, agregó. Ante esto, el juez Barbagelata Xavier reflexionó: “Este caso desnuda la necesidad de la creación de una Policía Judicial, pero también la importancia de ser prudentes de parte de las autoridades policiales y políticas para dejar actuar a la Justicia”; mientras que el fiscal Gilberto Robledo acotó: “La gente debe entender que vivimos en un estado de derecho y que la Constitución garantiza el principio de inocencia y que cualquier persona, por delincuente que sea, tiene derecho a un juicio justo, a una investigación limpia, prolija y que cuando sea condenado no haya dudas”.
Cómo siguen las actuaciones
Rojas estuvo once días detenido. Pasó las primeras horas en la Jefatura Departamental de Diamante y luego fue derivado a la Unidad Penal Número 1 de Paraná para resguardar su seguridad, según dijo el propio juez en ese momento.
Si bien hasta el momento no se ha impulsado ninguna denuncia policial ni judicial, una fuente de los tribunales admitió que de los informes médicos “surgiría que Rojas fue golpeado” y su abogado aseveró que si eso llegara a comprobarse hasta estaría en condiciones de impulsar una demanda civil millonaria contra el Estado provincial.
La madre de Rojas, María Victoria Vicente, se comunicó con la filial Rosario de la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia, a través de un 0-800, para radicar la primera denuncia y más tarde compareció en el organismo para ratificar sus dichos, en los que involucró al personal de la Jefatura Departamental de Diamante.
El juez Jorge Barbagelata Xavier aclaró a EL DIARIO que no ha ingresado ninguna denuncia por apremios ilegales y se negó a dar detalles sobre el tema, aunque aclaró que el muchacho fue sometido a cuatro revisiones de médicos policiales y judiciales y admitió que una de las medidas que dispuso fue correr vista al fiscal “para que analice los informes médicos para determinar si corresponde iniciar otra investigación”. En tanto, el fiscal solicitó la remisión de los informes y en caso de detectar irregularidades en el procedimiento puede pedir que se investigue de oficio si se produjeron apremios. Barbagelata Xavier también instruyó una causa por un posible abuso de autoridad de parte de los policías que realizaron el procedimiento en el que fue detenido Rojas.
El magistrado, además, autorizó a Rojas a radicarse en Rosario, en la casa de su madre, y tiene una custodia policial en esa vivienda.






